pestañas grises.

La soledad en ese grito adormecido. La ropa oscura. ¿A dónde vas sin escribirte? ¿A dónde esperas? Y yo sé que alguna vez cuando callaste todo era más fácil y sincero y complicado. Todo eso de no ser por cada uno, todo eso de correr oportunidades que llegaban sin pedir. ¿Y dónde están las viejas ganas de apostarle a lo que venga? Yo lo sé aunque te mientas, no hace falta ni encontrarte. Ni la fecha esa cualquiera de vencimiento que pusiste en tus planteos. Yo sé de tus rincones pasajeros. Yo sé de la mancha de tus techos. La mancha del futuro borroneado. Está ahí. Aunque digas lo de siempre y que nunca te importó. El estómago revuelto, la ducha ausente de murmullos te molesta. Está ahí. Y es aquel momento acostumbrado a suceder que se repite. Tu soledad que no sorprende, que no se larga. Y el silencio llega y va comiendo tus ventanas. El final intacto en la cocina. Las orillas descampadas de un placard. El gato hambriento. La marcha ausente por la senda del olvido sin retorno. Date cuenta que hace frío. Date cuenta que pasó. Todo aquello es un monólogo de ausencias desparejas.

Y tus ojos que se dejan por las noches sin mañanas. Se dejan ir. El café que pestañea irreversible y solitario. Las paredes que se cierran y te aplastan. Pesadas, insoportables. La gotera de dolores regulares. Sin los muelles del perdón, sin las dosis callejeras. Las preguntas que se escapan cada noche sin volver. Cada día sin soñar. Los hombres grises.

Y el silencio va comiendo tus ventanas. Ya no hacen ruido ni las cortinas viejas, ni las mantas deshiladas, ni las escobas barrenderas del otoño. Desaparecen. Y entonces vas así de simple con tu sombra entre personas confundidas. Vas como te dije. Gris oscura. Entre gente que se tapa intrascendente. La vía fácil. Las autopistas de lo inútil. Témpanos perfectos del fracaso. Algunos quedan, otros se esconden. Protestan, se miran, se ignoran, se quejan otra vez. Se sienten superhéroes o villanos del imperio. Los espejos volátiles de tu ego persistente. Y tu silencio come el aire rutinario. Tu silencio a la verdad, a la agonía. Come el tiempo de los jueves y domingos. Y mientras tanto todo va, todo gira en la memoria. Flotan brujas de promesas reversibles. Una película terminándose en la tele. El café acostumbrado de tus ojos. La sombra abominable de un recuerdo.

Text by erb.
Image: wanderings, originally uploaded by nemo et nihil.

~ por burocracia en Junio 11, 2009.

5 comentarios to “pestañas grises.”

  1. Me asombra que cada texto dice mas de lo que en realidad parece decir. Como este juego de ventanas, techos y paredes que remonta a un … orfanato? un hospital? un psiquiatrico? me fascinan tus juegos escondidos.

  2. Hola erb!
    Qué bueno leerte de nuevo! Me gusta el título, me gusta el clima, me gustan muchos de los versos con imágenes nuevas y que estaban tan ahí nomás. “Y es aquel momento acostumbrado a suceder que se repite.”
    Ha cambiado el blog y se advierte un sentimiento que más de uno (como yo) ha tenido. qué tentación robar tus versos. Beso desde Buenos Aires con sol.

  3. Me encantó!
    Saludos

  4. Me gustó mucho :) hola ;)

  5. la habitacion mas lejana que nos encierra como lectores…y nos absorve…y esa tan vacía termina recorriendo las rutinas que pasamos a veces muchos…porque aquí o allá al fin y al cabo se puee estar igual de gris.

    me lo guardo entre los preferidos…

    demasiada_gris_para_ser_cosmopolitan jeje

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